Cruzando al otro lado III

Supo que volverían a verse, en el mismo momento que se cruzaron en el metro. Clarissa bajaba del vagón cuando se cruzó con Michael, que subía. Poco después, esa mañana, se enteraría de que ese mismo vagón descarriló. Tras la noticia Clarissa no pudo dejar de pensar en Michael, aunque no conocía ni su nombre, ni quien era.

Clarissa trabajaba en una floristería del centro londinense. No tenía mucha clientela, pero era feliz con su trabajo. Había decidido llevar una vida tranquila, no quería desaprovechar esta 2ª oportunidad. Aún recordaba vívidamente su primera muerte, a mediados de los ochenta. Pero cuando una persona se junta con gente de dudosa moral, y pone en peligro su vida a cada minuto, lo normal es que encontrara la muerte rápido.

Esa mañana fue diferente para Clarissa. A última hora de la tarde, poco antes de cerrar, un joven entró, y dejó una fotografía con una nota en el mostrador. Ella miró la foto detenidamente. Era el retrato de un hombre, con la piel un poco cetrina, y una brecha en la cabeza. Sabía que había visto esa cara alguna vez.

    - ¿Marco? – Dijo tímidamente, llamando al joven, que ya se marchaba – ¿Eres tú?

    El joven se dio la vuelta, sin dar crédito a las palabras de la dependienta.

    - ¿Me conoces? – Se acercó rápidamente al mostrador – ¿Cómo es que sabes mi nombre?

    - Soy yo, Clarissa – A la muchacha se le dibujó una sonrisa en la cara – Hace 5 años que no me ves. Una noche, cuando volvía a El Paso, al pasar la Gran Puerta, aparecí aquí, en medio de Londres.

    - ¿Clarissa? ¡Qué alegría verte! – Y acto seguido le plantó dos besos en sendas mejillas – ¿Y dices que llegaste aquí a través de la Gran Puerta? Yo vine el pasado Halloween. No sabía que la Gran Puerta conectara los Mundos.

    - Yo tampoco, me llevé un buen susto. Por cierto, se te ve mucho mejor en esta vida, ¿eh? Sin esa brecha en la cabeza…

    - Gracías – Dijo Marco entre risas – Te parecerá raro, pero… Me gustaría que me ayudaras en mi empresa. Quiero que los de aquí arriba sepan que ocurre cuando se baja el telón.

    - ¿Qué quieres qué? Los Señores del Purgatorio no tardarán en mandar tu alma al Vacío, Marco. Y te has saltado algunas leyes estando aquí ahora mismo. De hecho, yo misma tengo miedo de volver allí abajo. ¿Por qué crees que no se sabe nada del secreto que guarda la Gran Puerta? Seguro que los Señores del Purgatorio envían al Vacío a todas las almas que vuelven al no-mundo.

    - Por eso tengo que hacer esto, Clarissa… Ya es hora de hacer un cambio en todo esto. Los Señores del Purgatorio han estado gobernándonos durante mucho tiempo… ¿Me ayudarás?

    - Te ayudaré, pero que sepas que tengo miedo por lo que pueda pasarte, Marco…

Desde entonces, Clarissa quedó con Marco varias veces. Una vez, éste la invitó a su casa. Le explicó que la casa era de Michael Bane, que murió en el accidente de metro. Clarissa recordó que era el mismo vagón que ella había tomado poco antes de descarrilarse.

Después de esto, Clarissa no volvió a saber nada más de Marco. Pero siguió con el trabajo que él estaba llevando a cabo. Se hizo fotos de si misma, y las fue repartiendo por establecimientos, buzones, y colocándolas en las lunas de los coches, junto a una nota similar a la que usaba Marco. No obtuvo respuesta de nadie, hasta que un buen día, estando en la floristería, encontró un trozo de papel negro sobre el mostrador. No ponía nada en aquel trozo de papel, pero no hizo falta. Clarissa supo que iba a morir.

© Carlos Domingo Palacios

Advertisement