“El último baile”
- ¿Bailarás conmigo un último vals?
Esto lo dijo sin apartar la pistola de su cabeza. Por respuesta, Michelle resopló con fuerza apartando la mirada. Puede que la estuviera reteniendo en contra de su voluntad. También es cierto que amenazó con matarla. Pero a su manera, Luis seguía locamente enamorado de ella, incluso en esa situación. Sin dejar de apuntar a la frente de Michelle, se fue hacia el equipo de música y lo encendió. Empezó a sonar un vals en unos altavoces sin fuerza, parecía el eco de una música lejana.
Michelle tenía la cabeza a punto de estallar. No sabía como sentirse, no entendía que es lo que estaba pasando. Su exmarido había entrado esa mañana en la casa como si estuviera poseído, blandiendo el arma como quien ondea una bandera. “Si no vas a estar conmigo, no vas a estar con nadie”, le había dicho, “¿Es que no te das cuenta de que nadie te querrá como yo?”. No supo muy bien como transcurrió todo, solo que ahora estaba sentada en una silla, con Luis apuntándole a la cabeza con un arma.
Él se le acercó, bajando el arma pero sin soltarla, y levantó a su exmujer suavemente cogiéndola del brazo. Paso los brazos de ella por su cintura, y sus brazos rodearon el cuello de Michelle.
- Sólo será uno, luego habrá pasado todo – Le dijo al oído, suavemente.
Comenzó a moverse al ritmo de la música, y Michelle, sin saber muy bien por qué, empezó a seguirle el paso. Una parte dentro de ella no podía evitar derretirse cada vez que Luis la tocaba. Ella lo amaba locamente, pero actitudes como ésta fueron las que la forzaron al divorcio. Él siempre había sido muy impulsivo, e incluso agresivo. No lo hacía con maldad, pero a veces no sabía controlarse.
El vals estuvo sonando varios minutos más, que a Michelle le parecieron eternos. Al final, rendida, se dejó llevar, apoyando su frente en la barbilla de su exmarido. Llegando al final de la melodía, Luis sujetó la pistola apuntando a la cabeza de Michelle. Al sentir el frío tacto del metal en la parte trasera de su cabeza, Michelle sintió una punzada de terror que le recorrió la espalda rápidamente. Luis apretó el gatillo y la bala atravesó limpiamente ambas cabezas en el momento en el que el vals dejó de sonar.
Los dos cuerpos cayeron inertes al suelo, Luis sin soltar la pistola, y Michelle apoyada en el pecho de éste. Al otro lado de la calle, una vecina llamó corriendo a la policía tras oír el disparo. Al otro lado de la línea solo se escuchó un vals como música de espera…
© Carlos Domingo Palacios

julio 31, 2010 at 11:53 am
No tenía el gusto de conocerte y he de decir que me ha encantado tu historia. Un desenlace trágico, sin duda y que hoy en día parece que se repite más a menudo de lo que quisiéramos.
Me parece que está muy bien contada, aunque no logro comprender lo de la última línea, es como me faltase información… ¿Había alguien marcado el teléfono y éste tenía el auricular descolgado?
En fin, un besazo. Espero leerte a menudo por El Cuentacuentos.
julio 31, 2010 at 11:59 am
Jo… se supone que la última línea es que los de la comisaría han puesto la llamada de la vecina en espera, y la música de espera que suena, es un vals…
¿No se entiende así? :S
agosto 2, 2010 at 1:49 pm
A mí me ha pasado como a Sechat, me ha parecido fantástica la historia pero en mi caso, me da la sensación de que las dos últimas frases te desconectan de la historia. Lo he entendido como dices, que la música del tono de espera era un vals.