“Cruzando al otro lado II”
Pasaron varios días hasta que alguien se dio cuenta de que Marco había desaparecido, y para entonces Julius ya estaba convencido de la verdad. Marco no iba a encontrar la forma de volver, y mucho menos, de sobrevivir hasta el próximo Halloween. En El Paso ya se había extendido la noticia de lo que pretendía hacer Marco en su excursión al Mundo, de hecho, esta noticia ya había llegado a oídos de los Señores de El Purgatorio, pero para cuando Julius tenía que ir a declarar, Marco había vuelto.
Fue en uno de los paseos rutinarios de Julius por el no-mundo. Él estaba sentado en un banco del Hyde park del Londres del inframundo, cuando vio aparecer una figura tumbada en la carretera. <<”Otro pobre atropellado”>>, pensó, y acto seguido dijo:
- ¿Qué fue, señor? ¿Un taxi? ¿O quizás un autobús? – No pudo ocultar una sonrisa, estaba tan acostumbrado a este tipo de situaciones que ya le resultaban cómicas.
En ese momento aquel hombre se puso en pie y, asombrado, Julius pudo ver a su amigo, de vuelta. Se levantó corriendo, y lo estrechó en un fuerte abrazo.
- ¿Pero como demon…?
- No me preguntes – Le cortó Marco.- Estoy tan asombrado como tú.
- Pero cuéntame, ¿Qué has hecho allá arriba?
- Bueno, digamos que conseguí plantar la semillita…
>> Cuando pasé la brecha, me encontré otro año más liado en una tela a 2 metros bajo tierra. Era una costumbre familiar lo de prescindir del ataúd. Poco a poco conseguí salir a la superficie, y me encontré en el cementerio donde fui enterrado hace más de 30 años. Sin preocuparme de si alguien observaba, puse camino rumbo al centro de la capital inglesa. Los adornos de Halloween podían verse en todos los escaparates y en muchas de las ventanas. Mucha gente deambulaba disfrazada por las calles y los parques, y muchos niños entraban y salían de los portales, con sus bolsas llenas de dulces. En mis primeros Halloweens me asombraba por los cambios de la ciudad, pero ya estaba tan acostumbrado a que nada estuviera en su sitio, que simplemente me dejé llevar por las calles. Había disfraces tan conseguidos, que muchas veces me costaba distinguirlos de los muertos de verdad si no les miraba a los ojos. Cuando la gente dice que los ojos son en espejo del alma, lo dicen de verdad, y solamente a los vivos se les puede encontrar el brillo del alma en la mirada.
>> Durante toda la noche intente pasar inadvertido, frecuentando lugares poco concurridos, y procurando tener siempre cerca un sitio donde ocultarme del día. Cuando los primeros rayos amenazaban con aparecer, tuve que meterme en el bidón de basura más cercano. Estuve esperando pacientemente, y si los muertos pudiésemos dormir, de buena gana me hubiese echado una siestecita ahí dentro.
- Lo próximo que recuerdo – Le dijo Marco a Julius. – Es verme tumbado en una camilla del hospital, con una enfermera a mi lado, y un desconocido sentado en un sillón.
>> El desconocido dijo ser Michael Bane. Él fue el que me encontró en el bidón de basura. La enfermera me dijo que es una suerte que me encontrase y me llevase al hospital, porque de no haber aparecido, posiblemente estuviese muerto. “¿Es que no lo estoy?” Le pregunté extrañado a la enfermera, que con una sonrisa me contestó: “Por suerte no, señor. Pero llegó usted en un estado que bien podría parecerlo”. No sé si sonreía por amabilidad, o le resultaba graciosa mi pregunta. A mí no me pareció nada gracioso, ya estaba acostumbrado y a gusto en mi muerte, como para tener que acostumbrarme otra vez a respirar, comer y esas cosas. Cuando la enfermera se fue, le pedí a Michael que me dijese a que día estábamos, “1 de Noviembre” me dijo “Feliz día de los Santos Difuntos”, y acto seguido abrió de golpe la persiana. Instintivamente me escondí debajo de la manta, y le rogué encarecidamente a mi acompañante que cerrara eso, fingiendo dolor de cabeza, pero él me dijo que no pasaba nada, que esa estúpida leyenda de la vulnerabilidad al sol no pasaba de eso, leyenda.
- ¿Quieres decir que hay más de los nuestros allí? – Le cortó Julius. – ¿Viviendo?
- Sí, así es. Y debo decirte que no recordaba tan hermosa a la luz del sol. Me dijo que él ya había vivido 3 vidas más, aparte de ésta. ¿Te puedes imaginar? El secreto de la inmortalidad nunca fue tan sencillo.
>> Cuando le conté lo que pretendía hacer, me dijo que él ya lo había intentado en vano, pero que aún así contara con su ayuda si la necesitaba. Lo primero que hice cuando me dieron el alta fue mirarme al espejo, pues no creo que la enfermera hubiese sido tan amable de tener yo el aspecto que tengo aquí, pero por sorpresa, el reflejo era exactamente mi viva imagen. Cuando salí del baño Michel se rió de mí, “No te desilusiones, hombre” me dijo “La imagen del espejo no es real, mira ven.” Me llevo con él otra vez al espejo, y entonces vi que su reflejo no se correspondía para nada con la persona que tenía a mi lado. “Y tampoco lo intentes con una fotografía, es lo mismo” se fue hacía la habitación, y le seguí “Entonces… ¿no podré saber cómo soy en esta vida?”, “Por supuesto que sí, si te miras al espejo con alguien que no haya muerto aún, tu reflejo te devolverá el aspecto que tienes en ésta vida. Pero ten cuidado con las fotos, ahí sí que sea quien sea, te verá con el aspecto que tengas en muerte.”
>> Michel me ofreció su casa para alojarme, al menos hasta que yo encontrara algo. Un gran tipo ese Michel, una pena lo de ese tren.
- ¿Qué tren?
- Fue a los pocos días de instalarme en su casa, y tras haberme acostumbrado a los hábitos de los vivos. Esa mañana salí a hacerme fotos, porque pensé que me serían útiles para mi gran plan, antes de salir Michel me advirtió, “Cuidado con lo que haces, si mueres volverás al otro lado”. Es irónico que fuese él quien me avisara, cuando unas horas después descarrilara el metro en el que viajaba.
- ¡Es verdad! Fue la semana pasada, 30 0 40 almas salieron de la estación de metro. Se agradece de vez en cuando un desastre así, esto puede llegar a ser bastante aburrido con las mismas almas de siempre deambulando. ¿Qué has hecho durante toda la semana allí solo?
- Como Michel no tenía familia, al igual que no la tuve yo, ni ningún muerto que vuelva a vivir la tendrá, me quedé con su casa. Cuando regresas allí arriba, no eres un ciudadano censado, nadie te conoce y si te ven, difícilmente te recordaran o reconocerán tu cara. Eso dificultó bastante mi labor. Me hice muchas fotos en un fotomatón de esos. Por cierto, saber por fin como era en ésta vida. Fue cuando estuve comprándome ropa. Mi aspecto era bastante bueno, un chico joven y atlético, mi cara me recordaba vagamente a la de mi juventud, supongo que es normal. A lo que iba, me hice varias fotos, que luego dejaría al azar en cafeterías, tiendas, parques, etc. Con una nota, “Guarda esta foto y recuérdala. Si mueres, búscame allá donde estés”.
- Una nota poco creíble, ¿no crees? – Le dijo Julius, entre divertido e intrigado por la historia.
- Bueno, ¿qué quieres? Una nueva vida no me otorga nuevas habilidades, sigo teniendo la imaginación de una mosca. La cuestión es que funcionó, o al menos de algo sirvió. Al salir de la tienda donde dejé mi última foto, una voz me llamó. Asombrado me gire para ver de donde procedía, y resultó ser la dependienta.
- ¿Sabía tu nombre? ¿Cómo pudo saberlo?
- Sencillo, porque me conocía de antes, y también te conoce a ti. ¿Recuerdas a Clarissa? Esa chica joven que murió a mediados de los 80.
- Clarissa, es verdad, ya decía yo que hace mucho que no se la ve por aquí. Creo que la última vez que la vi fue hace 5 años, en el Hotel.
- Exacto, y 5 son los años que lleva viviendo su segunda vida. Fue una suerte encontrarla, siempre se agradece compañía amiga. Ella me reveló muchas cosas más. Primero me dijo que no es del todo cierto que seamos invulnerables a la luz del sol, los primeros rallos del 1 de Noviembre si que son fatales para nosotros. Y lo segundo, y más interesante, es que existe una forma de volver al Mundo una vez muerto. El secreto está en la Gran Puerta, Julius. Por norma general la Gran Puerta nos sirve de puente entre el no-mundo y El Paso, pero cada media noche, la puerta nos envía al Mundo.
- ¿En serio? – Julius no cabía en su asombro.
- De verdad. Así es como Clarissa volvió, y es como mucha gente acaba de vuelta arriba sin quererlo. Pero, por supuesto, los Señores de El Purgatorio se han encargado de mantenerlo bien oculto. Desconozco que métodos usarán para hacer callar a los que vuelven, pero pretendo averiguarlo.
- Así que es eso… Y una cosa, ¿Por qué has vuelto? Parece que aún no has conseguido terminar del todo tu hazaña allá arriba, ¿no?
- Bueno, realmente no quería volver, fue un accidente. Fue una noche que volvía de casa de Clarissa, no vi el camión. Aunque ahora que estoy aquí, quiero averiguar algunos asuntos.
- ¿Un camión? Bueno, es mejor que tu última muerte, no es muy digno morirse de un golpe con la cabeza contra la taza del retrete.
- Y encima se tuvo que quedar este maldito dolor de cabeza como secuela. ¿Tienes aspirinas?